RUMBO AL OSCAR: PHANTOM THREAD
- 3 mar 2018
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Paul Thomas Anderson ha sido catalogado como el mejor director de su generación, y el mejor director norteamericano activo de la actualidad, estas aseveraciones no son para nada exageradas cuando uno observa su trabajo, siempre entregando cintas que mueven muchos sentimientos en el espectador, que lo llevan a reflexionar y que además son bastante entretenidas. Si bien no todas sus películas son obras maestras, Anderson sabe sacar lo mejor de cada historia que se le pone enfrente y filma trabajos bastante decorosos, a veces bastante largos, otras veces haciéndonos desear que duren más, pero con el nunca nos arriesgamos, su cine es un sinónimo de calidad. Por ello resulta bastante extraño que esta sea apenas la segunda película que logra colarse en la terna más importante, Boogie Nights, su segunda película, tuvo 3 nominaciones, y fue la gran omisión en su año en la categoría de mejor película, suerte que repitió su siguiente filme, Magnolia, con 3 nominaciones también. Fue hasta su quinta película, There Will Be Blood que regresó a figurar en los premios de la Academia, y no de cualquier manera, la cinta recibió 8 nominaciones entre las que se encontraban, ahora sí, las de mejor película y mejor director, la cinta se llevó dos muy merecidos premios por los que se consideraría que desde ese momento Anderson sería más notorio en posteriores trabajos. Para su sexta película, The Master, de nuevo fue ignorado, pero sus tres protagonistas recibieron nominaciones, de nuevo fue la gran ignorada en la terna principal, su siguiente filme, Inherent Vice obtuvo solo 2 nominaciones. Es su novena película la que nos tiene aquí de nuevo, esta vez siendo la gran, enorme sorpresa entre las nominadas, de las cuales las otras 8 tenían asegurado su lugar, y la sorpresa no es porque no se mereciera estar aquí, sino porque en muy pocas entregas de premios se le dio importancia en ternas más allá de lo técnico y las menciones a Daniel Day-Lewis.
Estamos ante una cinta bellamente filmada, que cuida hasta el último detalle para volver la experiencia algo peculiar, en donde la estética contrasta bastante con lo sórdido de su trama, es una película que se toma su tiempo para arrancar, y cuando menos nos damos cuenta, estamos tan involucrados en la trama que nos sentimos identificados con alguno de los tres personajes principales, sentimos sus frustraciones, sus miedos y sus preocupaciones por igual, es una cinta que te toma por completo desprevenido para lo que te espera, uno creería que trata solamente sobre las obsesiones de un genio artista, alguien que en su momento fue la sensación y de quien todas querían un vestido y que detrás de la puerta resulta ser una personalidad muy difícil con la cual lidiar.

Si bien así es como comienza, nos topamos también con un triángulo …amoroso? en el que el protagonista siente mucho respeto por sus creaciones, dándoles no solo un toque personal, sino que entregando parte de él en los detalles ocultos de las mismas, generando un vínculo muy especial del que será difícil desapegarse, aunque haya vendido esos vestidos, él considera que una parte suya siempre va a estar ahí con sus compradoras. Su hermana, quien también funge como su asistente, es una mujer de carácter muy fuerte, que se vuelve una extensión de su madre una vez que esta muere, manteniendo a su hermano en su entorno seguro, controlando hasta el último detalle para que él obtenga lo que necesita en el momento que lo requiera, y así pueda fluir su creatividad. Es hasta que conoce a una chica que se enamora de ella y la invita a vivir a su casa, esta chica es todo lo contrario a lo que estaba acostumbrado, es una mujer que no está dispuesta a ceder, que está ahí para él pero que no teme el sacarlo de su rutina y los hábitos que lo hacían sentir seguro, sin embargo la relación no será nada sencilla porque la hermana siente que están pasando por encima de ella.
Como podemos ver es una cinta que va más allá del simple artista y su proceso creativo, es sobre ese “hilo fantasma” que todos los seres humanos tejemos, que nos hace crear vínculos y arraigarnos a otras personas aunque no lo deseemos, y que con los padres es tan fuerte que el vínculo que creamos con ellos funciona como pauta para relacionarnos con el resto de las personas, ya sea para repetir este patrón o para evitarlo completamente. La dirección de Anderson es sublime, no puede ser más acertado el hecho de que también él esté en su respectiva terna, y no molestaría en absoluto si gana contrario a los pronósticos para esta premiación. Los tres protagonistas también hacen un estupendo trabajo, uno quisiera que esta no fuera la ultima película del siempre genial Daniel Day-Lewis, porque vuelve a darnos una actuación extraordinaria que será recordada como una de las mejores de la década, Vicky Krieps es la otra protagonista que no teme ponersele de frente a Day-Lewis, da una interpretación al nivel y además desarrolla a su personaje de forma magistral, si llegamos a sentir empatía u odiamos a su personaje es otra de las virtudes de su actuación, de forma un poco más contenida pero no menos importante está la interpretación de Leslie Manville, un personaje manipulador, controlador y sombrío, de quien siempre te esperas lo peor con su presencia.

En cuanto a lo visual, la cinta no repara en detalles, el vestuario, como el de esa época, tiene mucho énfasis en lo victoriano, no resulta para nada sorprendente que ya para el final de la cinta las clientas habituales se muevan a otra casa de modas con tendencias modernas, el uso de los colores en dicho vestuario es muy bueno, colores nada extravagantes pero lo suficientemente llamativos para contrastar con el diseño de producción que utiliza una paleta de colores grises, en representación de lo mucho que llamaba la atención el trabajo del diseñador. La fotografía, realizada por primera vez por Anderson mismo, es un trabajo increíble, con pocos contrastes de luz y sombra para darle mayor énfasis a la oscuridad, en ocasiones solo utilizando luz tenue y en otras prescindiendo casi de ella, las tomas en exteriores son poco dinámicas, apostando más por el ritmo que debe llevar la misma trama que por mostrar paisajes preciosistas, el camino de la cámara en la pasarela de la cinta nos hace desear que le se hubiera tomado en cuenta en la categoría correspondiente.
Por último pero no menos, para nada menos importante, está el trabajo de Jonny Greenwood quien entrega su obra maestra en cuanto a composición para cine se refiere, es toda una oda a la delicadeza y sutileza de la cinta, con instrumentos a veces minimalistas y otras explotando al por mayor los sonidos que pueden dar, es sin duda el mejor trabajo musical que se puede escuchar de alguna cinta del año pasado, propositivo en su manejo de los ritmos, acompasados pero con mucha presencia y en otras ocasiones más dinámicos, ojalá el tiempo le de la importancia que se merece (porque todo apunta a que no ganará el Oscar, para nuestra desgracia) y ojalá siga colaborando con Paul Thomas Anderson porque parece que juntos es como mejor pueden explotar el potencial de cada uno.





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